La Historia de un largo viaje

¡Pum pum! ¡Pum pum!; ese latido lejano que me mantiene entre sueños, esa respiración pausada que llena mi espacio vital, el suave compás de las aguas al mecerme, un murmullo atenuado que llega a mi indicándome que no estoy sola y por supuesto su suave e inconfundible voz, la única que oigo de forma diferente… ¡hola mamá! Estoy aquí, se que aunque no me oyes puedes sentirme y yo también a ti, cuando me acaricias, cuando me hablas con palabras que solo nosotras podemos oír.

Cada día que pasa es un reto, mi cuerpo ha cambiado muchísimo, ya no parezco a aquella judiita que viste por primer vez ¿lo recuerdas?, yo solo sé que estabas muy feliz, podía sentirlo a través del fluir de tu sangre, a través de tu pulso que se aceleraba llenándose de emoción contagiando mi sangre con tus endorfinas.

Puedo recordar también lo molesto y frío de tus visitas al médico, no me gustaba nada, invadían el nido que habíamos construido juntas y me incomodaban, por eso me escondía. Sé que en una de esas visitas te dijeron que algo fallaba, te asustaron muchísimo, te oía llorar, así que tuve que hacerte entender que todo estaba bien, que no había nada que temer, y que se habían equivocado con nosotras, soy una futura bebota muy sana, gracias a que tu cuerpo está sano y nos da bienestar a las dos. ¡Ay mamita! Tuviste que esperar todo un  mes a que te confirmaran lo que tu intuición te decía, estábamos geniales de salud.

Mamá ¿sabes qué? me gusta muchísimo, que me lleves a yoga ¡que gustito!, que fácil conectamos sin las molestias de fuera, tu respiración es suave y me llena de vida, y lo relajante de los mantras que cantamos, puedo sentir que hay otras mamis y bebes como nosotras, puedo sentirlas a través de su energía fluyendo por tus manos.

Me encanta cuando comes mami, yo también lo hago, los sabores viajan hasta la placenta y de ahí pasan a mí por el líquido. Que ricos olores me llegan cuando vamos al mercado a comprar verdura fresca.

¡Mami! Sé que te cuesta dormir, a mí también. Últimamente he crecido mucho y esto ya me queda pequeño. Me he puesto cabeza abajo y así descanso apoyada en tu vejiga, me parece que te molesta un poco pero he intentado volverme a voltear y no he podido, por más que empujo ya no es como antes. Cada vez que me muevo te oigo llamar a papá, siento sus manos que me acarician a través de tu piel.

Hace unos días las cosas por acá han cambiado, se que algo está por pasar, me siento extraña y tú me has dicho que todo está listo y que ahora nos toca a nosotras.  Llevo varios días sintiendo cosquillitas por parte del nido que me envuelve, pero hoy es distinto te has levantado temprano, nos has parado en todo el día, te oigo hablar con mi tía, dices que estas limpiando la casa y que vas a hacer pan. Te noto diferente mamá, estamos mucho más conectadas, ya no hablas con los de fuera y algo en mi líquido es diferente. Las cosquillitas vienen más seguidas y yo me dejo llevar, ya no se han ido y llevo todo el día sintiéndolas.

¿Mamá estas ahí? He comenzado a sentir que las coquillas son como caricias que se van pareciendo a un masaje, van y vienen como las olas. Siento que nueves tus caderas como si quisieras meterte en ellas.

Nunca te había sentido así mamá, pero no te olvidas de mí, ¡venga hija! ¡Lo haces genial!, me dices en nuestro idioma secreto que solo conocemos los bebes y las mamás.

Tus posturas y los masajes (a los que tú llamas contracciones) me hacen ir cada vez más abajo, siento como si algo bajo mi cabeza se abriera lentamente. Te siento segura mamá, muy fuerte, muy entregada a mí, tus hormonas me llenan y me liberan igual que a ti. A veces te oigo gemir pero no me asusto, nos hemos preparado y todo va sobre ruedas.

Han pasado ya muchas horas y la grieta pequeña que sentía ha pasado a ser un abismo, mi bolsa se ha metido ahí y…¡¡¡¡plof!!!! Ha cedido a mis empujones y jugueteos. Escucho gente a mi alrededor, mamá dice que está tranquila, la matrona dice que el agua está limpia y que no estoy sufriendo,  ¿sufriendo?, ¡pero si yo estoy genial!

El tiempo sigue pasando aunque parece como si se hubiese estancado, este sitio es bastante estrecho pero lo noto abrirse y acomodarse a mi cuerpo. Te noto cansada mami, yo también lo estoy y tu cuerpo que se ha entregado por completo a mi decide descansar. ¿Mamá como estas? Otra vez me hablas entre susurros, sueños… me dices que me prepare que el viaje se va a acabar pronto. Y ahí está…. Te oigo jadear, y empiezo a notar que tu cuerpo me empuja fuerte, siento que tu corazón y su ¡pum pum! que me acompañó tantos meses se queda atrás, pero tu voz mamá, es tan clara, está tan cerca… me dices ¡venga hija tu puedes!

No tengo miedo mamá, confías en mí y yo en ti. Que te sentaras me está ayudando mucho, y ya no está todo oscuro, oigo que alguien te anima ¡venga tócala! Puedo sentirte mamá ¡me has tocado el pelo! Siento otro empujón, la luz es tenue pero me molesta, ¡mamá qué me escurro! Dios mío mis brazos y piernas pesan, el aire me quema en mi garganta, pero la temperatura es agradable, la luz difusa ayuda a mis ojitos y ya no me molesta. Comienzo a buscarte y en menos de un segundo veo tus brazos abiertos recibiéndome, tu olor inunda mi nariz ¡Hola mamá! Rompo a llorar de la emoción y a gritos comienzo a contarte lo que siento y lo incomodo de esta casa pero lo feliz que me hace que estés conmigo, además también está papá y por primera vez puedo olerle y sentirle.

Me abrazas contra tu pecho, siento tu calor y el deseo irrefrenable de mamar, la leche tibia invade mi boca.

Ha llegado el momento final, alguien dice “ya no late puedes cortarlo”; papá corta el lazo que nos hizo “una” durante nueve largas lunas, pero solo hemos perdido el lazo físico, ahora nos une uno mayor.

¡Pum pum! ¡pum pum! Comienzo a oírlo otra vez, el viaje a sido duro y mis ojos comienzan a cerrarse, me dejo llevar pero no por las olas que me mecían antes, sino por tus brazos mamá. Solo puedo pensar en darte las gracias por haber confiado en mi mamá, por respetar mis tiempos, que también eran los tuyos; por no ignorar esa conexión mística que había entre nosotras; por dejar que este viaje sea nuestro y no de otros; gracias por ayudarme a nacer y no olvidarme a mitad del camino y acompañarme en todos los empujones.

Gracias por parirme mamá.

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